El paso a los alimentos sólidos es un proceso totalmente distinto en cada bebé. Por eso, existen muchas maneras para hacer que nuestro pequeño pase de leche a purés y de purés a sólidos. En este artículo, vamos a darte algunos de nuestros trucos favoritos.

Para empezar, lo más importante, es saber la edad a la que empezar con la introducción de la alimentación complementaria. Cada bebé es un mundo y, aunque se suele decir a partir de los 6 meses, recomendamos consultarlo con tu pediatra antes de comenzar.

De leche materna o de fórmula a purés

En este periodo tomaremos alimentos blandos, si prefieres cocinarlos tú misma en vez de comprarlos, recomendamos cocerlos sin añadir sal u otras especies y triturarlo bastante líquido las primeras veces para la mejor ingesta del bebé. 

Las primeras tomas pueden ser complicadas ya que es una textura nueva a la que el pequeño no está acostumbrado, por lo que podemos darle un poco de leche materna o de fórmula antes de darle a probar la primera cucharada. Debemos recordar que, en estos primeros días, la mayor parte de los nutrientes seguirán procediendo de la leche, por lo que después de darle las cucharadas podríamos darle nuevamente leche.

Es recomendable que los primeros purés que le preparemos en casa sean de un único alimento para comprobar las alergias y que, antes de darle productos como mariscos o cacahuetes, lo consultemos con nuestro pediatra.

No debemos preocuparnos si las primeras veces el puré termina más fuera que dentro de la boca, es una textura nueva y tiene que aprender a comerla.

De purés a sólidos

Poco a poco iremos haciendo menos líquidos los purés para que nuestro pequeño aprenda a tragar una textura más grumosa. 

Añadiremos al puré algunos alimentos sólidos pero algo más blandos, como pueden ser fideos, arroz, guisantes… Aunque el pequeño no tenga dientes aún, esos alimentos pueden seguir ofreciéndose ya que con la encía podrán terminar de triturarlos. Si vemos que le están saliendo los dientes y siente molestias, podemos utilizar Chamogel® Primeros Dientes para calmar las molestias de las encías.

Aunque, como hemos dicho, este es un proceso lento y depende de cada bebé, la Asociación Española de Pediatría sí que recomienda no tardar más de los nueve meses en que nuestro pequeño coma alimentos grumosos o semisólidos. De esta forma evitaremos crear aversión a nuevas texturas y que para los doce meses coma lo mismo que el resto de la familia, evitando, claramente, los alimentos que tengan alto riesgo de atragantamiento.

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